Conociendo a Martínez.
MILA.
—¡Un buen amigo! —repetí, sintiendo que la garganta me ardía con cada palabra. Me obligué a sostenerle la mirada, buscando una grieta en su confianza—. ¿Tú estuviste en esa misión?
Cuestioné con una calma fingida, observando su reacción.
—Por desgracia, no. Pero me hubiera gustado estar en el lugar; tal vez así no hubiera pasado esto —soltó con una suficiencia engreída que me revolvió el estómago. Se acomodó la chaqueta, irradiando una falsa honestidad que solo yo podía detectar.