El tiempo parecía haberse detenido mientras Hugo sostenía su mano y la miraba sin decir absolutamente nada. La tensión era palpable entre ambos. Iris se sentía vulnerable ante aquel hombre tan enigmático. Sus ojos analizaban cada detalle de su rostro, cómo sus pupilas parecían más negras que nunca, lo perfectamente recortada que estaba su barba. El aroma de su perfume era intenso y muy varonil, envolviéndola como un manto invisible. Finalmente, Iris cayó en cuenta de que tal vez Max tenía razón