Iris estaba recostada en la cama, rodeada de cojines mullidos, con un bowl de fresas frescas apoyado sobre su vientre ya inmenso. Su cabello recogido en un moño flojo, una manta de lino sobre las piernas, y en la pantalla frente a ella, Pushing Daisies seguía su maratón sin interrupciones.
—No puede ser que Ned y Chuck no puedan besarse —murmuró con la voz medio quebrada, llevándose otra fresa a la boca—. Esto debería considerarse tortura emocional para embarazadas.
Bingo, echado a los pies de