Luego de un rato de caminar, estaban todas agotadas. Buscar un lugar en donde comer era todo un fiasco, sobre todo porque Theo era celíaca y las limitaba a la hora de buscar un restaurante en el cual comer. Al final encontraron uno a media hora de la tienda. Cuando llegaron, Iris dejó la bolsa con el vestido en el maletero del auto de Lila.
—Finalmente, tengo tanta hambre —dijo Lila sentándose.
—Vamos, no es como que estuviéramos esperando por diez horas —argumentó Theo.
—Dile eso a mí estómago,