Un golpe seco rompió el silencio de la habitación, haciendo que Serethia se encogiera instintivamente en el abrazo de Alec. En respuesta, él le acarició el cabello con suavidad y cerró los ojos, decidido a ignorar a la persona que estuviera tocando la puerta principal. No sabía que droga le había dado Agnés, pero su cuerpo aún resentía los efectos, y cada movimiento le costaba algo de esfuerzo.
Sin embargo, al primer golpe le siguió otro, y después otro más.
—¡Policía, necesitamos hacer una ver