La primera sensación que invadió a Serethia al salir de la inconsciencia fue el cansancio, como si su cuerpo hubiese sido desprovisto de la última gota de energía; sus músculos se sentían pesados, reacios a obedecerle. Por esa razón se quedó ahí, escuchando los sonidos de su alrededor e intentando ordenar aquello que percibía.
Pudo identificar la presencia de alguien más en la habitación, pero el incienso que flotaba en el aire le impedía reconocerlo mediante su aroma.
Después llegó el dolor; u