El silencio en el auto se volvía con cada segundo más asfixiante; como si cada respiración tuviera que abrirse paso a través de un aire espeso que apenas alcanzaba a llegar a los pulmones. Cada segundo que transcurrían en el auto, cada semáforo que pasaba, daba la sensación de que el tiempo se estiraba, arrastrándose con un peso que parecía querer aplastarlos. Solo el murmullo del motor impedía que aquel silencio los envolviera por completo.
Alec miraba por la ventana, siguiendo con la vista l