Conducía lo más rápido que podía sin sobrepasar el límite de velocidad, pero sus manos temblaban sobre el volante y una presión incómoda se instala en su pecho, asfixiándolo. Cada segundo lejos de ella se sentía como una amenaza, una certeza de que algo terrible podría pasarle si no está ahí para protegerla.
Intentó calmarse, recordándose que estaba con Lia. Pero, de pronto, otro nombre cruzó su mente sin que pudiera evitarlo, repitiéndose constantemente: Kaelvar. Ante ese pensamiento, apretó el