No había entendido todo lo que había dicho, pero el simple sonido de ese nombre le encendió una punzada de irritación que le quemó la garganta. Intentó ignorarlo, pero el malestar seguía ahí, afilado, clavándose profundamente como un recordatorio molesto. No soportaba la forma en que su pecho se tensaba al saber que ella anhelaba a alguien más. Alguien que si tenía derecho a estar a su lado… Alguien que si se le permitía tocarla.
Apretó los puños y se incorporó, alejándose. Era irracional, lo