Cuando quedaron solos, la tensión abandonó su cuerpo, dejándolo casi sin aire. Pero los pensamientos seguían ahí, enredándose más y más, hundiéndose en su mente como raíces venenosas que no podía arrancar. La imagen de Leo, demasiado cerca de ella, apretaba más el nudo en su pecho.
Sabía que Leo no podría hacerle daño… pero ella lo había tocado. Había tenido contacto con un humano, y lo había hecho por decisión propia.
Y, aunque en ese momento estaban solos, el simple recuerdo hacía que las ser