El aire en la sala parecía haberse vuelto más denso, como si la misma atmósfera estuviera conteniendo la respiración. Esa tarde había comenzado con una calma frágil, un intento de agarrarme a la rutina que Aiden y yo habíamos construido con tanto esfuerzo, pero ahora, frente a mí, estaba él. Mateo.
No me había visto en años. Ni siquiera pensaba que me reconocería, y sin embargo, ahí estaba, con esa sonrisa que tanto dolor me había causado, esa mirada que se había grabado en mis pesadillas, amena