No sé si fue el roce de su mano al ayudarme a levantarme después del entrenamiento, o la forma en que sus ojos me buscaron entre el caos de la reunión con los nuevos aliados. Pero algo dentro de mí se encendió, lento pero abrasador, como brasas ardiendo bajo una capa de cenizas.
El mundo afuera podía estar cayéndose a pedazos, pero en la forma en que Aiden me miraba, aún existía algo que valía la pena proteger. Algo feroz, algo íntimo. Algo que ardía tanto como lo que venía.
—No puedes estar en