La noche se había convertido en mi aliada y en mi enemiga. Mientras la manada dormía, yo permanecía despierta, atrapada en el laberinto de susurros y miradas que parecían esconder más de lo que dejaban ver. Algo en el aire había cambiado. La confianza que una vez creí inquebrantable ahora se resquebrajaba bajo la sombra de secretos y medias verdades.
Desde hacía días, las conversaciones se volvían fragmentadas, los rostros esquivos, y las miradas se desviaban apenas me acercaba. No podía permit