El silencio cayó sobre el claro como una manta pesada.
No era paz.
Era el tipo de silencio que queda después de un grito demasiado grande para contenerse.
Kaelthar sostenía a Lucian en brazos, como si cargara un cuerpo hecho de cristal.
El príncipe estaba inconsciente, pálido, con la respiración irregular.
Lyra caminaba a su lado, temblando, con las manos aún extendidas como si temiera que, si las bajaba, él desapareciera.
Evadne cerró el círculo ritual con un gesto tembloroso.
La luz rojiza se