Lucian no llegó a tocar el suelo.
El impulso lo lanzó directo contra Kaelthar, como si toda la rabia del mundo hubiera encontrado un cuerpo donde alojarse.
El alfa lo recibió de frente, clavando los pies en la tierra mientras el impacto lo hacía retroceder varios pasos.
—¡Lucian! —gritó Lyra, sintiendo cómo el corazón se le desgarraba.
Pero él no la escuchaba.
O quizás sí, pero desde un lugar tan profundo que su voz no podía alcanzarlo.
Kaelthar gruñó, sujetando a Lucian por los antebrazos.
El príncipe forcejeaba como un animal atrapado, con una fuerza que no le pertenecía.
—¡Sujétalo! —ordenó Evadne, aunque su voz temblaba.
Lucian rugió.
No era un sonido humano.
Era un eco de algo que había vivido demasiado tiempo dentro de él.
Kaelthar apretó los dientes.
—No voy a lastimarte, hermano… pero no me desafíes, o sabrás quién soy realmente. No voy a dejar que la toques.
Lucian respondió con un golpe seco que Kaelthar apenas logró desviar.
El puño rozó su mandíbula, arrancándole un gruñid