El cuerpo de Lyra quedó inmóvil en el centro del templo, suspendido entre la luz quebrada y el humo oscuro —espeso como sangre seca— que aún serpenteaba alrededor de sus extremidades.
Por un instante, nadie respiró.
Ni siquiera una brizna movida por el viento se atrevía a mostrarse en el lugar sagrado.
Kaelthar retrocedió un paso, instintivamente colocándose frente a Lucian, como si pudiera juntar fuerzas con él y enfrentarse a algo que ni siquiera comprendía del todo, a pesar de haber leído ac