En el gran salón de las ruinas del castillo en la montaña, tres figuras se reunían frente a la chimenea rota. A pesar de su estado, aún lograba cumplir su propósito: calentar la vasta habitación y proyectar sombras inquietas sobre los muros desgastados.
Las esperanzas de todos se habían renovado con la revelación de la nueva guardiana.
Hacía tanto tiempo que no surgía una, pensó Alistair, desde que el Corazón de la Luna desapareció sin dejar rastro.
Cualquier mujer con sangre Kaelys podía aspir