La sensación incómoda de que todo había sido una trampa desde el principio no se borraba de la piel de Lyra. Había muerto, sí.
Y ahora habitaba un infierno lleno de traidores y conspiradores.
Entonces, fue Lucian quien rompió en una sonora carcajada. Una risa cínica, amenazante, que llenó de curiosidad a todos los presentes en el enorme salón.
—¿Pretendes que creamos esa terrible patraña? —le dijo al mago, acusador—. ¿Sabes cuánto tiempo me tomó descubrir hacia dónde se dirigía Lyra, luego de q