La habitación estaba tan silenciosa que Lyra creyó escuchar el eco de su propia respiración golpeando las paredes. La puerta seguía cerrada, pero el símbolo marcado en el marco parecía palpitar todavía, como si retuviera el calor de la mano de Ronan… o el de algo peor.
La cama estaba destrozada.
El colchón hundido donde el alfa la había aplastado.
Las plumas blancas seguían suspendidas en el aire, cayendo lentamente, como nieve maldita.
Lyra no se movió al principio.
No podía.
El pulso en su ma