Mundo ficciónIniciar sesiónSienna Rosental y su hermana Circe viven en la manada Malva bajo la protección de su tío, el Alfa Santiago. Diez años después de la muerte de sus padres, Sienna sigue sin poder establecer contacto con su loba debido a un trauma que bloqueó su vínculo. Como consecuencia, no puede reconocer a su pareja destinada. A diferencia de ella, Circe mantiene una conexión completa con su loba, Asteria, cuyo nombre aparece en antiguas escrituras sagradas y está relacionado con un destino que podría cambiar el futuro de los cambiantes. A pesar de su condición, Sienna cree tener su vida resuelta. Está comprometida con Karl, el futuro Alfa de la manada Rosal, su antigua manada, y pronto se convertirá en su Luna. Todo cambia cuando descubre que Karl la engaña con su propia hermana. Decidida a alejarse de ambos, Sienna pasa la noche fuera de la manada y termina involucrándose con un desconocido. A la mañana siguiente descubre que ha sido reclamada y marcada por él. Lo que Sienna ignora es que la marca pertenece a la Bestia, el lycan más antiguo, poderoso y temido de la historia.
Leer másSienna y Circe Rosental tenían diez años cuando los lobos desertores atacaron su manada. Sus padres murieron protegiéndolas en un asalto sorpresa que no pudieron contener.
—¡Corran, Sienna, Circe! —gritó su padre mientras frenaba a dos lobos que intentaban saltar sobre ella.
Sienna vio el cuerpo sin vida de su madre y, aunque el terror la paralizó un momento, obedeció, tomó la mano de su hermana y salieron de la mansión alfa y se adentraron en el bosque sin rumbo, buscando un refugio que la oscuridad parecía ocultar. Corrieron hasta llegar al río que marcaba el límite con la manada de su tío, pero antes de cruzar, los desertores la rodearon.
— Tengo miedo, Sienna — Susurro Circe con voz quebrada.
Sienna miró a su hermana, a pesar de ser gemelas, ella había nacido primero, era la mayor, buscó con la mirada un lugar para ocultarse, hasta centrarse en un tronco hueco.
— Ven — Dijo.
Sienna llevó a Circe hasta ese tronco hueco e hizo que se escondiera ahí, cuando trató de meterse con ella, los lobos desertores finalmente llegaron.
—Aléjense —murmuró ella, retrocediendo, no podía dejar que encontraran a su hermana, así que camino hasta el lago donde tropezó y cayó.
Los lobos avanzaron mostrando colmillos manchados de sangre, pero se detuvieron en seco. Una presencia más poderosa los obligó a retroceder hasta que desaparecieron entre los árboles. Sienna, con el agua a las rodillas, sintió una calma repentina que alivió su dolor. Al mirar hacia la otra orilla, se encontró con unos ojos amarillos que la observaban fijamente.
—¿Quién eres? —susurró.
Un enorme lycan de pelaje negro emergió del bosque. Sienna volvió a llorar al recordar que lo había perdido todo: sus padres, su hogar y sus amigos. Solo le quedaba su hermana quien permanecía oculta en aquel tronco hueco.
El lycan la observaba con intensidad, movido por un instinto de protección, pero justo cuando iba a acercarse, un atacante saltó desde atrás hacia la niña.
El lycan reaccionó de inmediato y se lanzó al ataque para defenderla. Sin embargo, Sienna solo vio a la enorme bestia abalanzarse sobre ella con garras y colmillos expuestos. Aterrorizada, perdió el equilibrio y la corriente del río comenzó a arrastrarla.
Sin fuerzas para luchar contra el agua, Sienna escuchó un rugido potente. Lo último que vio antes de caer por la cascada fueron esos ojos amarillos. Pensó que moriría igual que sus padres, pero su destino era distinto.
*********
Diez años después.
El sonido de la alarma despertaba a Sienna, estiro el brazo, rodó sobre el colchón para apagar el ruidoso aparato de golpe. Pero las vueltas que dio fueron de más, se acabo la cama y termino estampada en el piso
— ¡Duele! — soltó entre dientes, quejándose por el golpe.
Se quedó sentada en el suelo, rascándose la cabeza con fastidio. Tenía el cabello hecho un desastre y los ojos entrecerrados. El día apenas empezaba y ya estaba en el suelo.
Se levantó con lentitud, con deseos de volver a dormir un rato más, pero el día ya había comenzado y tenía mucho que hacer.
Camino hasta el baño, una ducha rápida sería suficiente para despertar totalmente, se miró al espejo de tocador. Tenía en su mente la pesadilla que acababa de tener, más bien era el horrible recuerdo de cuando perdió a sus padres.
Después de caer de la cascada despertó en la habitación de un hospital, siendo atendida por los mejores médicos del País Alania, días después de su recuperación su tío finalmente apareció y la llevó con él a la manada Malva la que estaba bajo su cargo y ahí empezó su vida de nuevo, o eso intento pues jamás pudo olvidar aquella noche donde lo perdió todo.
— Sienna – Dijo su tío al verla bajar las escaleras.
— Buenos días, Alfa Santiago— Dijo ella con una sonrisa.
A pesar de ser familiares ella prefería tratarlo como el Alfa de la manada.
— Tío, niña— dijo dándole un golpe suave en su frente con su dedo índice.
Santiago a pesar de ser el alfa de una de las manadas más poderosas del país, aun rondaba los treinta años, se había convertido en Alfa a los veinte y era el más joven de los Alfas del país de Alania, pero a su vez también uno de los más poderosos.
— ¿Ya lograste desbloquear el enlace con tu loba? —Preguntó.
Siena soltó un bufido. Cuando cumplió los dieciocho su loba despertó, pero extrañamente no pudo comunicarse con ella, según los médicos de la manada había un bloqueo de enlace que solo ella podía quitar, pero desde entonces pasaron los años y no había logrado nada. Su loba estaba ahí, la podía sentir, pero no escucharla, no podían hablar.
— ¿Al menos lo has intentado? — Pregunto Santiago cruzando los brazos.
— Buenos días — la voz de Circe los interrumpió, ella tan animada y vestida muy a la moda se acercó a ellos y abrazo a su hermana. — ¿Otra vez molestando a Sienna, tío?
Santiago puso los ojos en blanco ante la pregunta de Circe, se inclinó un poco para que ella le diera un beso en la mejilla.
— No la molestó, me preocupo por ella — dijo Santiago en su defensa.
Ambas hermanas rodaron los ojos ante la respuesta de su tío. Santiago suspiró, aunque se vistieran y tuvieran personalidades diferentes, eran idénticas.
— Muy bien, váyanse a la universidad — Dijo Santiago cruzando los brazos.
Las dos asintieron y se dieron la vuelta para alejarse. Al salir de la mansión Sienna dio un salto de emoción al ver el carro de Karl estacionado en frente, pero Circe no parecía emocionada.
— Supongo que me iré por mi parte — Susurro Circe.
— Claro que no, puedes venir con nosotros— Sienna tomó de la mano a Circe, caminaron juntas hasta Karl.
Karl, el joven alfa de cabellos rubios y ojos verdes, miraba a las dos gemelas acercarse, por supuesto reconocía a su prometida. Sienna al estar cerca de él soltó a Circe y se abalanzo a los brazos de su prometido.
— Pensé que llegarías hasta la tarde — Dijo Sienna.
— Quise darte una sorpresa— Respondió Karl con su voz ronca y varonil. — Hola, Circe.
Circe solo asintió ante el saludo, miro a los lados sintiéndose incomoda de estar ahí.
— ¿Van a la universidad? — Preguntó, Sienna asintió — Las llevó.
— Me iré mejor por mi parte — Dijo Circe con una sonrisa en sus labios — Además así voy por Athina.
Sienna trató de protestar, pero antes de que pudiera decir algo su hermana se dio la vuelta y camino hasta su propio vehículo.
Karl miró a la joven gemela subir al vehículo y marcharse. Luego miro a Sienna, su prometida se vestía menos formal que Circe, que siempre resaltaba entre las dos, pero lo que su prometida tenía y Circe no, era que Sienna Rosental era la hermana mayor y heredera de la manada de Rosal.
— ¿Has tenido algún logro con la comunicación de tu loba? — Preguntó Karl, mientras le abría la puerta de lado del copiloto.
Sienna rodó los ojos mientras subía al coche, siempre era lo mismo cada que veía a Karl, para ella a esas alturas el contacto con su loba no era ya necesario, lo tenía a él y eso era suficiente para poder ser feliz.
Karl arrancó el carro, mientras tomaba una mano de Sienna, esperaba que ella pudiera desbloquear a su loba en algún momento, por supuesto después de que él la marcara, de esa manera no podría estar destinada a nadie.
En el aeropuerto principal del país de Alania. Un hombre de figura imponente bajaba del lujoso jet privado, sus ojos amarillos eran intensos e intimidantes, las personas que lo recibían hacían una reverencia ante él, su sola presencia era abrumadora, no había necesidad que usara su aura para someter a nadie.
— Mi señor — Su asistente se acercó a él — Aquí está la información de los Alfas de las manadas de Alania.
El hombre tomó la tablet y empezó a deslizarla la pantalla con sus dedos hasta detenerse en la ficha técnica del alfa de la manada Malva: Santiago Denaro.
Él leyó el informe de aquel Alfa que siendo joven se había convertido en el líder de la manada, pero lo que más llamó la atención de él, fue la imagen donde aparecía con dos jóvenes de cabellos negro intenso y ojos azules profundos.
— Rosental — Murmuró para sí mismo con su voz ronca e imponente.
Sienna no podía apartar la mirada de aquel hombre de ojos amarillos que la miraba con una intensidad que hacía que todo su cuerpo temblara y su sexo se mojara de inmediato.Santiago miró con precaución ante el gruñido del rey Lycan. Pero antes de que pudiera moverse de su lugar, los dos hombres que acompañaban al rey se acercaron a él.—Rey —dijo el hombre de cabellos chocolate, colocándose frente a él.El rey sacudió la cabeza, controlando al lycan en su interior. Mantuvo sus ojos cerrados por un breve instante, comunicándose con él y haciéndolo entrar en razón.Una vez que pareció controlarse, ese hombre se apartó y dirigió su mirada hacia Sienna, su mirada se entrecerró y luego la desvió hacia su colega quien hacia todo para mantenerse sereno ante la situación.Pero para ambos era difícil, en esa chica, podían sentir esa misma aura que poseía el Rey Lycan. Tal vez para los demás aún no era evidente, pero para ellos, la conexión era innegable. El olor y el poder del rey la marcaban
Sienna abrió los ojos bruscamente. Miró a los lados percatándose de que seguía en el lago, pero la diferencia era que ya estaba amaneciendo. Sintió algo pesado sobre su cintura, bajó la mirada para darse cuenta de que era un brazo, siguió el camino hasta encontrarse con el desconocido, y fue donde todo lo que sucedió anoche llegó a su mente de golpe.Se cubrió la boca ahogando un grito por lo que había hecho. Sigilosamente apartó el brazo de él de su cuerpo y empezó a buscar sus ropas, pero al encontrarlas se dio cuenta de que estaban destrozadas y no servían para cubrirla.Soltó una maldición en su mente y se quedó viendo fijamente la camisa negra de él, tirada sobre una roca; no dudó en tomarla y ponérsela. Se levantó con cuidado, pero sus piernas flaquearon y cayó al suelo de nuevo.—Carajo —soltó, sintiendo un fuerte dolor en sus caderas y también en su sexo.Apretó los dientes para no hacer ruido y se impulsó hacia arriba de nuevo, apoyándose en el tronco del árbol. El dolor entr
Sienna corrió sin rumbo fijo. Se internó en el bosque oscuro sin importarle el peligro que corría al alejarse de la manada. Los desertores solían merodear por la zona, pero en ese momento nada le importaba.Cuando sus piernas ya no pudieron seguir, finalmente se detuvo.Miró a su alrededor y soltó una risa amarga.Había llegado hasta el lago que colindaba con Rosal.Se dejó caer a la orilla y las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Las imágenes de Karl y Circe juntos golpeaban su mente una y otra vez, no podía creer que Karl la hubiera engañado.Pero lo que más le dolía era Circe. La persona que siempre había prometido estar a su lado.Lo único que sabía era que las dos personas en las que más confiaba acababan de destruir todo lo que había construido con ellas.—Estúpida, eso es lo que eres, Sienna —murmuró mientras se limpiaba las lágrimas con brusquedad.De repente, escuchó un ruido proveniente del otro extremo del lago.Se puso de pie de inmediato y entrecerró los o
Sienna y Circe se probaban los vestidos que usarían durante la Ceremonia de Unión.El vestido blanco que Sienna había elegido le sentaba a la perfección. El diseño resaltaba su figura con elegancia, ajustándose a su cintura antes de caer suavemente hasta el suelo. Su escote recto le daba un aire refinado, mientras que las mangas largas de encaje abrazaban sus brazos y aportaban un toque delicado al conjunto.—Te ves hermosa —dijo Circe con una sonrisa.Ella había optado por un vestido azul celeste que contrastaba con sus ojos. El escote corazón realzaba sus atributos, mientras que la falda fluida le otorgaba una apariencia etérea que atraía las miradas con facilidad.Sienna observó a su hermana a través del espejo y sonrió.—Tú también. — Dijo tomándola de las manos — Me entere que el Rey Lycan vendrá, tal vez puedas atraer toda su atención.Circe soltó una suave risa y giró sobre sí misma para admirar el vestido.Por un momento, las dos hermanas parecían exactamente lo que siempre ha
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