La rabia en Lyra no disminuía.
No se apagaba.
No se agotaba.
Crecía.
Como si cada palabra de Alistair fuera leña arrojada a un incendio que llevaba dos vidas ardiendo dentro de ella.
—Todo esto —escupió Lyra, con la voz temblando de furia— ocurrió porque tú querías a Yanna de vuelta.
Porque tu dolor era más importante que el de los demás.
Porque no te importó que otros también perdieran a sus hijos… con tal de recuperar a la tuya.
Alistair bajó la mirada.
No intentó defenderse.
No intentó negar