El silencio que dejó el Guardián era tan profundo que parecía un segundo valle, uno hecho de aire detenido y respiraciones contenidas.
Kaelthar seguía inmóvil.
La mano en el pecho.
Los ojos perdidos en un punto que nadie más podía ver.
Lyra dio un paso hacia él.
—Kaelthar… —susurró.
Él no respondió.
Lucian se acercó también, con Lúvian pegado a su pierna como un cachorro inquieto.
—Respira —dijo Lucian, con una voz más suave de lo habitual—.
Solo respira.
Kaelthar lo miró.
Y por un instante, Ly