El valle amaneció distinto.
No era la bruma.
No era la luz.
Era el aire.
Como si algo invisible se hubiera movido durante la noche, alterando la respiración misma del lugar.
Lyra lo sintió apenas abrió los ojos.
Lucian dormía a su lado, con el ceño fruncido incluso en reposo.
Lúvian estaba hecho un ovillo a los pies de ambos, respirando con un ritmo inquieto, como si soñara con algo que no podía comprender.
Y Kaelthar…
Kaelthar no estaba.
Lyra se incorporó de golpe.
—¿Lucian?
Él abrió los ojos