El sol había bajado un poco cuando la plaza dejó de murmurar y empezó a actuar. Las copias repartidas como papel moneda comenzaron a circular: manos que leían, ojos que reconocían, vecinos que señalaban. La intención de hacer de la verdad un ruido imposible de enterrar funcionó: la gente estaba despierta.
Llegó el mensaje que todos esperaban y temían: Coran había rechazado la citación. Su respuesta oficial habló de “necesidad de preparar defensa” y de “riesgo para el equilibrio del reino”. Extr