La marea había cambiado de rostro cuando la flota volvió a zarpar: ya no llevaba solo hombres con esperanza, llevaba prisioneros con nombres a cuestas y una tela de confesiones que olía a tinta y a cobre. La captura de Mirelle y la desarticulación de su red habían abierto ventanas que mostraban corredores corruptos en el palacio y en los juzgados; ahora tocaba atravesarlos sin romper la casa entera. Kaeli había prometido juicio público; pero un juicio no se gana con puños sino con pruebas, alia