El alba apenas se insinuaba cuando un cuerno resonó en la puerta principal de la mansión.
La guardia Volkov se estremeció.
No por ataque.
Por sorpresa.
Daryan y Kaeli, aún con los primeros reflejos del sueño en los párpados, bajaron corriendo los escalones del balcón al jardín. A su alrededor, la manada comenzaba a despertarse, adivinando por el estruendo que algo importante ocurría.
—¿Quién…? —Kaeli alcanzó a preguntar, entre jadeos.
Un centinela, pálido y tembloroso, alzó la visera:
—Su… Su E