El sol se alzó perezoso, dibujando trazos dorados sobre las piedras lunares.
Pero la luz no disipó la neblina que cubría el jardín. Un manto gris se aferraba a las raíces, como si el mundo hubiera olvidado exhalar. Las antorchas, aún calientes, temblaban sin viento. Y en el centro del claro, Kaeli y Daryan observaban el símbolo de tres marcas entrelazadas, sellado con fuego plateado.
Neyra pasó a su lado susurrando:
—Hay rumores en los clanes menores. Dicen que el pacto de tres… fue un truco pa