La luna no brillaba como símbolo de poder. Esta vez, parecía una lámpara suave sobre la piel de los que aún sobrevivían.
Kaeli caminaba descalza entre los círculos de fuego. Daryan la seguía, sin capa, sin armas. Solo con la mirada que se reserva para los momentos que no necesitan defensa.
—¿Y si esta noche no somos líderes? —susurró Kaeli.
—Entonces seremos testigos —respondió él.
*
La manada se reunía en el claro de las raíces vivas. No había estrategia. No había ritual. Solo presencia.
Neyra