La mansión Volkov amaneció con un aire extraño.
Las piedras lunares no vibraban. Los lobos guardianes se movían con cautela. Incluso las brujas de Elaren, que solían entonar cantos al alba, guardaban silencio. Algo había cambiado. Algo se había roto.
Lyara lo sintió al cruzar el corredor del ala norte.
El aire estaba más frío. Las sombras más densas. Y el fuego central del Salón de Piedra… apagado.
—¿Dónde está Maelis? —preguntó a una criada.
La joven bajó la mirada.
—No ha salido de su habitac