La luna seguía baja esa noche.
Como si aún guardara silencio por Maelis.
Pero en las ruinas del clan de las lunas rotas, el fuego no era azul. Era negro. Y no ardía. Susurraba.
Elara caminaba en círculos alrededor del altar de obsidiana. La otra mitad del colgante vibraba con una frecuencia irregular, como si respondiera a algo que aún no había sido invocado.
Rovan y Eris observaban desde la sombra.
—La muerte de Maelis fue efectiva —dijo Rovan—. La manada está debilitada. El vínculo entre Kael