Capítulo 31

La luna seguía baja esa noche.

Como si aún guardara silencio por Maelis.

Pero en las ruinas del clan de las lunas rotas, el fuego no era azul. Era negro. Y no ardía. Susurraba.

Elara caminaba en círculos alrededor del altar de obsidiana. La otra mitad del colgante vibraba con una frecuencia irregular, como si respondiera a algo que aún no había sido invocado.

Rovan y Eris observaban desde la sombra.

—La muerte de Maelis fue efectiva —dijo Rovan—. La manada está debilitada. El vínculo entre Kael
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