90• Ahora vienes conmigo.
Antes de caer al suelo, mamá giró conmigo, interponiéndose entre el peligro y mi cuerpo, llevándose ella todo el impacto cuando chocamos contra el mármol frío. El golpe me recorrió la espalda con una sacudida brutal y el aire escapó de mis pulmones en un jadeo involuntario, pero no fui yo quien gritó. Fue mi corazón, al verla caer primero, al comprender que incluso en ese instante había elegido protegerme, aun cuando la muerte nos rozaba demasiado de cerca.
La adrenalina me incendió por dentro.