89• Deja a mis hijas en paz.
La emoción de saber que habían llegado me inundó el cuerpo de golpe, caliente y abrumadora… y, sin embargo, se desvaneció en un parpadeo, reemplazada por una presión en el pecho, como si el aire hubiera decidido abandonarnos.

Entonces ocurrió. La puerta de la habitación de Celine se abrió de golpe y chocó contra la pared con un estruendo que hizo vibrar el suelo bajo nuestros pies. Enzo fue el primero en cruzar el umbral. Su presencia llenó el espacio de inmediato: erguido, imponente, con la m
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