85• Has sido tú…

Me quedé allí, hecha un ovillo en el mismo lugar donde me había dejado. No supe cuánto tiempo pasó. El suelo estaba frío, duro, y aun así no me moví. Era como si levantarme significara aceptar que Dean no iba a volver.

Las horas se estiraron de una manera extraña. Al principio lloré. Lloré hasta que me dolió el pecho, hasta que la garganta se me cerró y las lágrimas me quemaron los ojos. Después… ya no quedaba nada.

No había lágrimas.

Solo dolor.

Un dolor sordo, constante, que se me instaló en
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