79• Madre e hija.
Seguía en shock, inmóvil, mientras ella sostenía mi mano con esa delicadeza extraña, como si esperara que yo reaccionara de alguna manera, que dijera algo más que simplemente quedarme ahí, paralizada, con la mente reducida a un murmullo blanco. Sentía el corazón golpeando con tanta fuerza que cada latido parecía subir por mi pecho, trepar por mi garganta y retumbarme en los oídos como un tambor que no sabía detenerse.
Respiré hondo, o intenté hacerlo, porque el aire apenas me entraba. Tragué sa