78• Mis niñas.
Entramos en la casa con los nervios desbordados, como si cada paso activara una alarma distinta dentro de mí. Aún sentía el temblor en el pecho, esa mezcla incómoda de miedo y expectativa que se arremolinaba desde que supe que alguien venía de camino. Un desconocido… pero un aliado, según mi padre. Y aunque esas palabras deberían haberme tranquilizado, solo añadían otra capa de incertidumbre al aire ya espeso que nos rodeaba.
Todo parecía igual, pero nada lo era. Había una pieza más moviéndose