60• No es mi chica, es mi mujer.
Por un momento pensé en decirle la verdad, contarle que no había sido precisamente una historia de amor a primera vista, que había acuerdos, peligros, deudas que no eran mías y decisiones que me habían arrancado de mi vida. Pero el cariño con el que hablaba de Dean, me frenó.
Elegí el silencio. Tomé otro trozo de focaccia y asentí apenas, como si todo aquello fuera completamente normal.
Terminamos de desayunar bajo la mirada curiosa de la niña. Cuando me levanté de la mesa, Domenica también lo