50• Perder el control.

Cuando le pedí a Dean que fuera mi ángel protector —medio delirando por la fiebre— jamás imaginé que se lo tomaría tan a pecho. Desde ese momento, su forma de cuidarme se volvió más intensa. Incluso después de decirle tres veces que no necesitaba una bufanda para el frío, insistió en ponérmela él mismo.

A veces pensaba que no era solo por el clima… sino una manera de asegurarse de que nadie pudiera reconocerme. Como si quisiera mantenerme a salvo de peligros que yo ni siquiera podía identificar
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