51• Confía en mí.
Si alguien me hubiera dicho que algún día me preocuparía por el bienestar de Dean Hoffman, me habría reído en su cara. Era absurdo. Y aun así, cuando caí al suelo a su lado y lo vi desplomarse, el mundo se me encogió. El dolor en mi cuerpo dejó de importar. Me giré hacia él como pude, con las manos temblando, viendo su rostro volverse pálido y su pecho levantarse apenas, lo suficiente para recordarme que todavía estaba vivo.
Toqué suavemente su rostro, rozándole la mejilla con los dedos.
—Dean…