30• Te tengo, tesoro.
—Thalía… —su tono era bajo, firme, con ese dejo de autoridad que hacía que todo lo demás pareciera detenerse—. Escúchame bien.
Tragué saliva.
—Estoy escuchando.
—No te muevas de donde estás. Voy a enviar a uno de los hombres que están cuidando la casa, irá hacia ustedes.
Oí cómo su voz se alejaba apenas, como si hablara con alguien más.
—Jeff, que Thomas y Ryan vayan hacia la cocina. Quiero que aseguren la planta baja y que no dejen que nadie entre o salga. Ya.
Volvió a mí, más apremiante.
—¿Dó