29• Entraron a la casa.

Al llegar a la cocina, me envolvió un aroma a hierbas secas y madera recién pulida. Allegra se movía entre los estantes con la facilidad de quien conoce cada rincón de ese lugar, tarareando una melodía suave mientras sacaba algunos ingredientes y encendía la luz cálida sobre la mesa central.

—¿Por qué no eliges algo para cenar, señorita? —dijo con esa sonrisa amable que a veces me resultaba demasiado perfecta—. El señor Hoffman dejó un libro de recetas por aquí, seguro hay algo que te apetezca.
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