21• Dean...
El beso creció como una tormenta que no sabía de dónde venía, solo que ya era imposible contenerla. No hubo suavidad, sino urgencia; no ternura, sino algo más oscuro, más instintivo. No sabía si era deseo, rabia o simple rendición, solo que, por un instante, dejar de resistirme se sintió inevitable.
Intenté resistirme, lo juro. Pero cada intento se disolvía apenas sentía su boca moverse contra la mía, reclamando, exigiendo. No había razón ni lógica en ese instante, solo el pulso acelerado, el s