Hay una vieja superstición veneciana que dice que una máscara no oculta tu rostro, sino que revela tu verdadero deseo. Si eso era cierto, esa noche Londres estaba llena de deseos oscuros, dorados y peligrosos.
El Gran Salón del Hotel Claridge’s había sido transformado. Los organizadores de la Gala de la Máscara de Medianoche, el evento benéfico más exclusivo de la temporada de invierno, habían cubierto las paredes con terciopelo negro y habían llenado el techo de miles de luces LED que imitaban