El tiempo no tiene la capacidad de borrar las cicatrices, pero posee la extraña magia de enseñarles a convivir con la luz.
Habían pasado tres años y medio desde la tarde en que dos supervivientes se juraron lealtad bajo las ramas de un roble centenario en Richmond. Tres años y medio desde que los monstruos que acechaban en las sombras de Londres fueron finalmente desterrados a jaulas de hormigón y acero de las que nunca volverían a salir.
El mundo corporativo es un animal que olvida rápido, per