El mundo exterior esperaba un espectáculo.
Tras la caída del Duque de Salisbury y la revelación de la trampa maestra en la Catedral de San Pablo, la prensa británica había convertido a Maxxine Cavendish y Joe Kensington en la obsesión nacional. Los tabloides que antes los vilipendiaban ahora ofrecían sumas obscenas de siete cifras por la exclusiva de su boda. Revistas de alta costura enviaban bocetos de vestidos bordados con diamantes, y planificadores de eventos de la realeza saturaban la band