El día transcurrió en silencio y soledad. Hasta que en la tarde me avisaron que habría una celebración en la noche. Y asistiría toda la manada. Esta vez no me vistieron a la fuerza, pero sí me llevaron el vestido que debía usar. Uno sencillo de tono azul noche. Me vestí y me alisté sin oposición y bajé cuando la hora marcada llegó.
El Gran Salón de Kaelthorn estaba transformado. Donde antes solo había sombras y ecos de pasos, ahora ardían antorchas que proyectaban una luz cálida y danzante sobr