Vanessa
Abrí los ojos de golpe, asustada. Enseguida me di cuenta de que no estaba en la casa de Dominic; aquel lugar era distinto, sombrío, cerrado por completo. Me levanté tambaleante, caminé hasta la puerta y traté de abrirla desesperada.
—¡Maldita sea, abre la puerta! —grité histérica, golpeando con los puños—. ¡Padre! ¿Por qué me tienes aquí encerrada? ¡Abre la maldita puerta!
Mi respiración se volvió agitada. Sabía que Dorian, cuando se enfurecía, era capaz de cualquier cosa, incluso de ma