Dorian
—Señor… escúchame, por favor.
Escucho a Gregorio hablarme, pero su voz suena lejana, como si viniera desde el fondo de un túnel. Mi mente está nublada. Un vértigo insoportable me sacude y no puedo reaccionar. Mis labios están entumecidos, como si ya no me pertenecieran. Intento controlarme, pero cada movimiento me cuesta el doble.
Le hice daño a Vanessa… mi Vanessa. ¿Cómo pude hacerlo? Las pastillas no están surtiendo efecto, lo sé. Siento que voy a perderme de nuevo, que esa otra parte