La mansión Dracos emergió entre la neblina como un coloso dormido, sus muros de piedra gris respirando frío antiguo. Vladislav se estacionó frente a la entrada principal, descendió del auto y caminó con Adara en brazos; ella estaba inmóvil, pero no inconsciente. Más bien atrapada en un estado que crispaba la piel: con la mirada abierta, fija, perdida en un punto que ninguno de ellos podía ver.
Eryndor apareció segundos después, deslizándose entre la bruma como si ésta lo hubiese moldeado. Su ro