La noche había caído sobre la mansión Drakos como una manta pesada y sin aire. Desde el exterior, el bosque susurraba entre las ramas como si advirtiera que algo se removía entre sus raíces. Dentro, Vladislav caminaba de un lado a otro del gran salón, incapaz de encontrar un solo segundo de quietud. Sus pasos resonaban sobre el mármol negro, duros, tensos, cargados de una furia silenciosa.
Blade estaba apoyado contra una de las columnas con brazos cruzados sobre su tórax, observándolo con el c