El sol ya brillaba en todo su esplendor cuando Vladislav salió de la mansión, bañando la ciudad con una luz dorada que proyectaba la intensidad de sus emocioens. Era un día que prometía ser tan caluroso como inquietante para Vladislav. Su mente, turbada por las dudas y la creciente incertidumbre acerca de Adara, no le dejaba encontrar paz. Había algo en la mujer que le desbordaba, que le descolocaba, y de todas las palabras del elfo, solo había unas que resonaban en su cabeza como una maldición